Ayer volví de nuevo a Sydney: hogar dulce hogar! Y eso que ando a más de 16.000 kilómetros de mi casa...Pero bueno, ésta ha sido durante mucho tiempo mi propia casa, ya la tengo "customizada" (tuneada como dirían los modernos). A pesar de esto, ya sólo me quedan "oficialmente" 3 días de casa. Y digo oficialmente porque los otros 10 días voy a vivir un poco de estrangis, en el mismo edificio pero de estrangis. Ya os contaré cómo me va.
Se echaba de menos esto de dormir en una cama (que además es como de 1 metro y poco de ancha) y no en autobús con 30 personas o en un backpackers de mala muerte (de esos de 11-12 euros la noche) con otros 7 en la habitación. El poder estar en calzoncillos y que no te estén mirando tres o cuatro personas no tiene precio! Aunque perdió las vergüenzas hace ya años.
Y os preguntareís: pero es que no vas a hablar nada del viaje? De Nueva Zelanda? Pues sí, es más, escribiré aquí (más o menos) todo lo que he escrito en el diario que me llevé. Diario que encontré en Cairns con bolígrafo y todo e hice mío, por cierto.
Nada más llegar al aeropuerto de Sydney (con 15 minutos de adelanto), me hacen declarar la comida que llevo: unas latas de atún, algo de pan, unas barritas de cereales...(qué os esperabais? Estaba de backpacker en backpacker!). Antes de todo esto, me habían hecho tirar mi mantequilla de cacahuete a la basura en Christchurch por considerarla (agarraos que esta es buena) "líquido o material untable peligroso". Imaginaos mi cara cuando la segurata me dice eso en el aeropuerto en su perfecto inglés neozelandés. No podía aguantarme la risa. Y la tía mirándome con cara de cirscunstancia en plan: "esto es serio chaval, ya tuvimos un intento de volar un avión con manteca de cacao. El terrorista se llamaba McGyver."
Salgo del aeropuerto de Sydney, cojo el tren y llamo a Michelle (sí, aquí suelo tener cobertura en el metro). Me dice que está en el trabajo (son las 8 de la mañana) y ella tiene mi tarjeta para entrar a casa. Líada monumental. Al final la solucioné llamando a uno de los Residential Networkers que muy hablamente abrió la puerta de la habitación de Michelle y cogió mi tarjeta. Antes, había estado un rato con todo el equipaje en la uni conectado a internet (qué gran estampa!).
Al llegar a casa, todo está limpísimo. Increíble, ni parece mi piso, hasta tenemos el cuadro colgado (los más ancianos dicen que el cuadro llevaba como un año rondando por el piso). Directamente, ducha y a la cama, toca descansar.
Por fin he visto Nueva Zelanda con mis propios ojos (y no sólo en el señor de los anillos): paisajes increíbles, montaña - llanura - montaña - cordillera inmensa, he hecho snowboard y alguna que otra cosilla más. La verdad es que Nueva Zelanda no es para contar, es para verlo. De todas formas, ya os enterareís de más cuando leais mis siguientes post o veais mis fotos en Facebook.
Saludos a tod@s!
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada